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Los Revolucionarios Olvidados: Frantz Omar Fanon.


Frantz Omar Fanon, también conocido como Ibrahim Frantz Fanon fue un revolucionario, psiquiatra, filósofo y escritor francés-caribeño, de origen martiniqués.  La obra política de Fanon es compleja y controvertida. Por otra parte, se ha dicho que sus ideas anteceden a las de pensadores como Michel Foucault, formando una de las bases del posmodernismo y poscolonialismo. Ciertamente ha servido de inspiración a muchos pensadores y movimientos profundamente críticos o revolucionarios, influyendo indirectamente incluso en corrientes como el feminismo y la teología de la Liberación.



Notable entre esas influencias fue la que tuvo sobre su más conocido lector  Ernesto “Che” Guevara, en Argentina y luego Cuba. Para Guevara, por ejemplo, la idea del hombre nuevo adquiere un significado derivado del socialismo y el papel de la violencia pasa de ser una expresión cultural popular a una herramienta que las vanguardias utilizan casi como mecanismo terapéutico, a fin de producir ese cambio cultural. Esta aproximación pasó a ser llamada foquismo o guevarismo.


Frantz Fanon nació en Fort-de-France en la isla de Martinica, en la época en que ésta era una colonia francesa, en el seno de una familia con mezcla de antepasados africanos, tamiles y blancos, que vivía una situación económica relativamente buena para el estándar de la región.


Su vida y sus trabajos, principalmente "Les damnés de la terre" o  "Los condenados de la Tierra" en castellano, han incitado e inspirado movimientos de liberación anticolonialistas durante más de cuatro décadas. A finales del siglo XX, principalmente a partir de los estudios de Edward Said, su pensamiento volvió a cobrar vigencia en los campos de los estudios poscoloniales, la teoría crítica y el marxismo. Fanon es conocido como un pensador humanista existencial radical1​ en la cuestión de la descolonización y la psicopatología de la colonización.



Después de que Francia se rindiera ante la Alemania Nazi en 1940, las tropas navales de la Francia de Vichy se establecieron en Martinica. Esas tropas presuntamente se comportaron de forma abiertamente racista, dando pie a muchas acusaciones de abuso sexual y conductas impropias.  



A los 18 años, Fanon abandona la isla y viaja a Dominica, donde se suma a las Fuerzas de Liberación Francesa, para después alistarse en el ejército de ese país en la guerra contra la Alemania Nazi, destacando especialmente en la Batalla de Alsacia, por lo que en 1944 recibe la medalla de la Croix de Guerre. Cuando la derrota alemana se hizo inminente y los aliados cruzaron el Rin hacia Alemania, el regimiento de Fanon fue "blanqueado", lo que significó que él y todos los soldados que no eran blancos, fueron concentrados en Toulon (Provenza).





En 1945, Fanon volvió a Martinica por un periodo corto pero significativo. A pesar de que él nunca se declaró comunista, trabajó en la campaña electoral de su amigo y mentor intelectual Aimé Césaire, uno de los creadores de la teoría de la negritud, quien se presentó como candidato comunista a la Asamblea de la Cuarta República Francesa. 



Fanon se mantuvo en la isla sólo lo suficiente como para terminar su bachillerato, volviendo a Francia para estudiar medicina y psiquiatría. Estudió en Lyon, donde conoció al filósofo fenomenólogo francés Maurice Merleau-Ponty. Se graduó como psiquiatra en 1951 y empezó a ejercer bajo la supervisión del médico español Francesc Tosquelles Llauradó,  marxista y uno de los inventores de la psicoterapia institucional, de quien tomó la idea de la importancia de lo cultural en la psicopatología.


Fanon escribió el primero de los libros por los cuales es conocido, titulado como “Peau noire, masques blancs” o “Piel negra, máscaras blancas” en castellano, que fue publicado en 1952. Esta obra trata, a través de reminiscencias sobre su vida personal y utilizando métodos críticos derivados del psicoanálisis, de entender por qué los negros adoptan los valores de los subyugadores blancos y los resultados que eso produce, especialmente entre los subyugados. Él mismo responde una pregunta que, probablemente comenzó a hacerse, cuando presenció el abuso de sus vecinos en Martinica y cuando su regimiento fue “blanqueado”:

“... ¿por qué un negro está dispuesto a arriesgar la vida por quienes lo desprecian y maltratan?”.
 

La respuesta que el libro ofrece es que ser colonizado es más que ser subyugado físicamente, es serlo culturalmente. Ser colonizado es también perder un lenguaje y absorber otro. En sus propias palabras:

“...Estamos tratando de entender por qué al negro de las Antillas le gusta tanto hablar francés (...) Hablar [un idioma] significa sobre todo asumir una cultura, [implica] absorber el contenido de una civilización”.


La respuesta de Fanon sitúa conceptos tales como raza, clase, cuerpo, lenguaje y cultura en el centro de problemas que abarcan fenómenos tales como marginación y desigualdad social, desprecio de sí mismo, inseguridad, servilismo, patologización tanto de sí mismo como forzada. Como hemos dicho, el libro es complejo, pero la tesis central puede ser resumida en la idea que los subyugados tratan de superar su condición asumiendo el bagaje cultural de los subyugadores, especialmente el lenguaje, -poniéndose las máscaras blancas del título- pero al hacer esto, absorben normas que son inherentemente discriminatorias o, en su caso, racistas; lo que a su vez lleva a sentimientos profundos de inseguridad e inferioridad. Aceptar el concepto del opresor de lo que son los oprimidos es aceptar que se es salvaje, no completamente humano, inferior, etc.


Sin embargo, Fanon insiste que el ser blanco no puede existir sin su complemento "ser negro". Ambos son las caras opuestas de un proceso dialéctico que podría llevar a una nueva relación o sociedad que no se base en la discriminación "del otro":


"...¿Qué busca el hombre? ¿Qué busca el negro? A riesgo de molestar a mis hermanos de color diré que lo que el negro no es un "hombre" (Fanon caracteriza el "ser negro" como carecer de 'resistencia ontológica" frente al blanco. "El negro" solo existe frente a y es definido por "el amo blanco"), Hay una zona de "no-ser", una región extraordinariamente estéril y árida, una degradación totalmente deprimida en la cual una auténtica revolución puede nacer".


En 1953 se incorporó como Jefe de Servicio al Hospital Psiquiátrico de Blida-Joinville en Argelia, donde revolucionó el tratamiento, introduciendo prácticas de terapia social, para las que se basaba en la idea de la relevancia de lo cultural tanto para la psicología normal como para la patología.




Los abusos que ejercieron los franceses en Martinica durante la Segunda Guerra Mundial, fueron una gran influencia en Fanon, quien, como muchos, tuvo que ocultar su alienación y disgusto frente a la realidad del racismo colonial francés, sin embargo, apoyó la lucha argelina por la independencia y fue miembro del Frente de Liberación Nacional argelino. 




Fanon se unió en secreto al Frente de Liberación Nacional (FLN) tras el comienzo de la Guerra de Liberación de Argelia, en Noviembre de 1954,  como resultado de su contacto con el Dr. Chaulet y de su experiencia directa de los resultados de las prácticas que el ejército francés estaba empleando. A su hospital llegaban tanto los torturadores como sus víctimas a recibir tratamiento.




Durante este periodo viajó muchísimo por Argelia, con el aparente propósito de ampliar sus estudios culturales y psicológicos acerca de los argelinos, lo que produjo estudios tales como "Los marabout" de Si Slimane. Esos viajes también servían para propósitos clandestinos, especialmente los realizados en la estación de esquí de Chrea, una de las pocas estaciones de esquí en África donde el esquí se pueden hacer en nieve natural,  en donde se encontraba una base del FLN.



En el verano de 1956 escribió su famosa carta pública de renuncia al ministro residente y, como consecuencia, fue expulsado de Argelia en enero de 1957. En esa carta, Fanon rechazaba de una vez por todas su pasado "asimilacionista". Después de una estancia muy corta en Francia, viajó en secreto a Túnez donde formó parte del colectivo editorial "El Moudjahid". Sus escritos de ese periodo fueron coleccionados y publicados después de su muerte bajo el nombre "Por la Revolución Africana". En ellos Fanon se revela como uno de los estrategas del FLN.



También actuó como embajador del gobierno provisional argelino en Ghana y, asistió en su nombre a numerosas conferencias en: Acra, Conakri, Adís Abeba, Leopoldville, El Cairo y Trípoli.


Fanon fue diagnosticado con leucemia después de una agotadora travesía en el Sahara para abrir un tercer frente en la lucha por la independencia. Es por esto que viajó entonces a la URSS y experimentó alguna mejoría. 


“Los condenados de la tierra” fue escrito a su vuelta a Túnez, aunque publicado “post mortem” en 1961. Esta obra sería el testamente que aseguraría su importancia en los desarrollos políticos del siglo XX.


El título en francés de “Les Damnés de la Terre” es una referencia explícita al primer verso del himno de “La Internacional” comunista, que dice en francés: “…Debout! les damnés de la terre!”. El título de la obra es generalmente traducido al castellano como “Los condenados de la tierra” y no toman en cuenta la traducción al castellano del himno que sería “Parias de la Tierra”.

 

En la obra de Fanon, los “parias de la tierra” no corresponden a la clase proletaria, sino más bien el llamado por Marx como el “lumpenproletariado”. El autor específicamente usa el término para referirse a quienes no toman parte en la producción industrial, especialmente el campesinado pobre que, vive en las afueras de las ciudades, argumentando que solo ese grupo tiene o conserva la suficiente autonomía del aparato colonizador como para montar exitosamente una rebelión. Para él, tanto el proletariado urbano como las clases burguesas son “asimiladas” culturalmente y, carecen de la motivación o necesidad de poner en efecto una revolución verdadera.

 


Fanon examina no solo las maneras directas a través de las cuales un poder metropolitano ejerce y mantiene su dominación, sino también las maneras más sutiles, las que hacen que los mismos dominados se transformen en instrumentos, por un lado, de su opresión y, por el otro, agentes de liberación. El mecanismo central en todos esos casos es la cultura. En un discurso a los intelectuales africanos, este mencionó que:

“…Hemos visto la aparición del movimiento [hacia la independencia] en formas culturales y, hemos visto como ese movimiento y esas nuevas formas culturales, están ligadas al estado de madurez de la conciencia nacional. Ahora, ese movimiento tiende cada vez más a expresarse de manera objetiva, en instituciones. Es de ahí que viene la necesidad de una existencia nacional, cualquiera que sea su costo”.


 

En su obra Fanon también parece sugerir que el uso de la violencia, más que deseable, es inevitable, sin embargo, advierte que su uso no carece de peligros. Él mismo se advirtió, en el discurso citado anteriormente a los intelectuales africanos, el problema de la violencia:

“...La liberación de una nación es una cosa. Los métodos y contenido popular de la lucha otra. Me parece que el futuro de la cultura nacional y sus riquezas son tanto expresión como parte de los valores que han dirigido esa lucha por la libertad”.

 


A pesar de estar en sus últimos días, Fanon daba clases a los oficiales del FLN en la frontera entre Argelia y Túnez, cuando su condición lo permitía. Incluso viajó a Roma para visitar, por última vez, al filósofo y activista político Jean-Paul Sartre.



Más tarde se trasladó a Estados Unidos para recibir tratamiento, bajo el nombre de Ibrahim Fanon, lamentablemente muriendo el 6 de diciembre de 1961, en el hospital de Bethesda de Maryland.






En Conclusión.

 


Las ideas centrales de la visión de Fanon pueden resumirse más o menos en tres postulados:

1.       La absorción de culturas o ideologías dominantes por parte de los sometidos produce resultados patológicos, tanto a nivel social como individual.

2.      El reemplazo de formas discriminatorias de relación social es producto de la expresión de nuevas formas culturales y políticas que aparecen entre los subyugados. Esas formas político y culturales son la expresión de la esencia existencial de grupos marginados, por la cultura dominante y produciría inevitablemente una nueva humanidad.

3.      El poder catártico de la violencia revolucionaria. Sólo la violencia puede liberar totalmente del legado de la subyugación, eliminando los sentimientos de inferioridad y produciendo una conciencia de control sobre el destino propio.


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