Platón[i] fue
un aristócrata[ii] ateniense
que, convirtió la filosofía en un proyecto de salvación tanto del alma – la
cual asociamos en la actualidad al concepto de individuo- como de las
ciudades-Estado o «Polis». Este filosofo vivió las décadas más convulsas de la
historia de la antigua Atenas, a finales del siglo X a.C., siendo estos la
Guerra del Peloponeso[iii] -que
terminó con la derrota ateniense frente a Esparta- la instauración del régimen
oligárquico de los Treinta Tiranos[iv] -
entre los que figuraban parientes suyos como Critias y Cármides-, la
restauración de la democracia y, sobre todo, el acontecimiento que marcó su
vida: la condena a muerte de Sócrates en el 399 a.C., bajo la acusación de
impiedad y corrupción de los jóvenes.
La democracia recién reinstaurada, herida
por la guerra y por las luchas civiles, vio en Sócrates a un elemento incómodo,
sea como crítico de la asamblea o maestro de oligarcas como Critias y
Alcibíades, que cuestionaba las bases morales del sistema.
El juicio de Sócrates había revelado a
Platón la profunda crisis moral y política de la democracia ateniense. Una
ciudad-Estado que había sido capaz de producir a Pericles, Fidias y Sófocles
condenaba al hombre más justo de su tiempo. La muerte de su maestro le
convenció de que ninguna forma política existente - ni la democracia restaurada
ni la oligarquía violenta - era capaz de encarnar la Justicia, porque ambas
carecían de un fundamento filosófico.
Platón escribió la «República» tras
fundar la Academia hacia 387 a.C., en donde defendió el gobierno absoluto del «filósofo-rey»,
el cual está libre de leyes porque posee la ciencia del Bien. Sin embargo, la
vida se encargó de desmentir aquel optimismo.
Los tres viajes de Platón a Siracusa, entre los
años 388 y 361 a.C., para educar al tirano Dionisio II y convertirlo en rey-filósofo,
terminaron en fracaso absoluto, debido a las intrigas cortesanas, traiciones,
exilio de su amigo Dión y, finalmente, el asesinato de este último. Platón
comprendió que el poder político corrompe y que, los tiranos no se dejan educar,
por lo que esperar un gobernante perfecto es esperar a una deidad. La «República» seguía
siendo un ideal, pero un ideal inalcanzable para la naturaleza humana
tal como es.
Platón se retiraría a su Academia en su
vejez y, escribió una trilogía de diálogos que refleja este desencanto y esta
sabiduría madura: el Teeteto, el Sofista y el Político. En
el «Político» ya había introducido la idea de que, ante la ausencia
del sabio perfecto, la Ley es el mejor sustituto humano de la ciencia
divina.
El mundo helénico ya está agotado por las guerras entre las ciudades-Estado de Atenas y Esparta durante el siglo IV a.C., pero ambas amenazadas por el creciente poder que alcanzara Macedonia, tanto con el rey Filipo[v] como su hijo, el futuro conquistador Alejandro Magno[vi].
El dialogo de las «Leyes» fue escrita en la extrema vejez de Platón, entre los años 360 y 347 a.C., como el testamento político del filósofo. Es la obra de un hombre que ha renunciado a los sueños imposibles de la juventud, como reformar Atenas, ciudad-Estado que lo decepcionó, pero que no ha abandonado la esperanza de fundar una nueva colonia, -una ciudad desde cero-, en donde las leyes no estén contaminadas por los vicios de la tradición. Esa ciudad ya no es la Calípolis de los «filósofos-rey», sino que será una ciudad de hombres, la cual se llamará Magnesia, en la isla de Creta.
En su última obra, Platón ya no busca al «filósofo-rey»
de la República, sino a un legislador que, mediante la persuasión y
la fuerza, establezca un orden legal que haga posible la virtud, de ahí el nombre del dialogo
El diálogo se abre con una escena singular,
en la que tres ancianos caminan desde Cnosos, en Creta, hacia la cueva y
santuario de Zeus en el monte Ida, en un caluroso día de verano. Este escenario
confiere al diálogo un tono religioso y solemne, ya que la legislación no es un
asunto meramente humano, sino una tarea que imita el orden divino del cosmos.
El primer anciano es simplemente llamado como el «Ateniense», es la primera y única auto inserción de Platón en su propia obra como protagonista absoluto. La ausencia del casi omnipresente personaje de Sócrates en esta obra platónica, es total y significativa, ya que el diálogo ya no es una búsqueda irónica de la verdad, sino una construcción legislativa llevada a cabo por un sabio que, habla con autoridad. Entonces el Sócrates histórico, condenado por la democracia ateniense, no tiene lugar en una ciudad-Estado que se pretende gobernada por leyes divinas.
Los otros ancianos son Clinias, un
cretense, y Megilo, un espartano. La elección de los personajes no es casual, ya
que las ciudades-Estado de Creta y Esparta eran famosas en la Antigüedad por sus
constituciones estables, atribuidas a legisladores míticos, como Minos y Licurgo.
Platón quiere examinar esas legislaciones, para criticar sus defectos y
superarlas.
En esta obra, el personaje de Clinias es el encargado por
su ciudad-Estado de fundar una nueva colonia, Magnesia, será el interlocutor
que tomará en serio las propuestas de Platón y las aplicará. Por su parte, Megilo es un hombre de pocas palabras que, representa la
tradición dórica, es decir, la disciplina militar y el respeto a las leyes ancestrales.
Las «Leyes» se dividen tradicionalmente
en doce libros, aunque probablemente sea una división posterior a la muerte
de Platón, porque este probablemente dejó inacabada o sin la última revisión esta
obra.
El «Ateniense» inicia la conversación
preguntando por el origen y el propósito de las leyes de Creta y Esparta. Los ancianos
Clinias y Megilo responden que sus leyes fueron dictadas por diferentes deidades,
Zeus y Apolo respectivamente, aunque tienen como finalidad la Guerra,
porque la paz es una ilusión y las ciudades-Estado deben estar siempre
preparada para vencer.
Platón refuta esta tesis, ya que la finalidad
de una Constitución no es la Guerra, sino la Paz y la virtud
total. La valentía propia de los guerreros no es la única virtud, sino que también
están la templanza, la justicia y la sabiduría, como lo afirmó en su obra «La República».
Las leyes deben cultivar todas ellas, no solo el coraje militar.
Este continúa criticando la sisitía, es
decir, el sistema espartano de comidas comunes, así como la educación comunal espartana,
ya que descuidan el control de los placeres. Introduce aquí el tema del vino,
para él los banquetes bien regulados pueden ser una escuela de templanza,
porque el vino, al debilitar la razón, permite observar y dominar las pasiones.
Esto no debe ser una sorpresa, ya que si bien Platón fue severo con la embriagues
en la «República», ahora defiende un uso moderado y ritual del vino como
instrumento educativo, algo que ya vimos en el dialogo «El Banquete».
El «Ateniense» continúa desarrollando la
teoría de la educación, siendo esta la formación del placer y del dolor desde
la infancia, para que el alma ame lo bueno y odie lo malo. La música, la danza
y el canto son esenciales, porque actúan directamente sobre las emociones. El
vino, en los banquetes, pone a prueba al alma y revela su verdadero carácter y es,
por tanto, un medio para conocer y educar. Platón distingue entre
el placer del hombre virtuoso y el de los demás, ya que solo el
placer que acompaña a la virtud es verdadero. La educación debe orientar el
gusto hacia ese placer.
El libro II contiene una de las
primeras filosofías de la Historia de Occidente, ya que el «Ateniense»
traza el desarrollo de la humanidad desde un diluvio primitivo hasta las polis
clásicas. Tras la catástrofe, los hombres vivían en familias aisladas, sin
leyes, gobernados por el patriarca. Luego se agruparon en aldeas, surgieron la
agricultura y la propiedad, y con ellas las primeras leyes. Después vinieron
las ciudades-Estado, las guerras, las alianzas y las tiranías. Si lo miramos
así, Platón se anticipó milenios a Engels y su obra «El origen de la
familia, la propiedad privada y el Estado»[vii].
Platón examina tres ejemplos históricos, siendo
estos Esparta, Persia y Atenas. Esparta supo equilibrar los poderes
gracias a la diarquía[viii],
los éforos[ix]
y el consejo. Persia degeneró en despotismo por el exceso de poder del rey y,
Atenas que degeneró en democracia extrema por el exceso de libertad. La elección
del filósofo para su nuevo legislador es clara, ya que la ciudad debe ser mixta,
es decir, que combine el principio de autoridad de monarquía y, el de libertad con
la democracia.
Magnesia combina elementos monárquicos y
democráticos, los magistrados son poderosos pero elegidos, asamblea popular,
consejo y guardianes de las Leyes. Es un sistema de equilibrio de poderes que
evita tanto el despotismo como la demagogia. Platón es el primer gran teórico
de la separación de poderes.
La fundación de Magnesia comienza
propiamente en el libro IV. Platón introduce una de las innovaciones más
importantes de la obra, los preludios, es decir, toda ley debe ir precedida de
un discurso persuasivo que explique a los ciudadanos el por qué deben
obedecerla. La Ley no debe imponerse solo por la fuerza, sino por
la persuasión racional, algo que choca con los primeros escritos del filósofo
como el de «Critón», pero que son la aplicación de la «verdadera retórica» del dialogo
«Fedro», ya que el legislador es un médico que no solo prescribe remedios, sino
que convence al paciente de tomarlos.
La Ley no solo manda, sino que enseña
y persuade, por lo que cada ley va precedida de un preludio que explica su
fundamento racional. Es la aplicación de la psicología platónica, ya que el
alma tiene una parte racional y otra irracional, por lo que el legislador debe
dirigirse a ambas. El preludio es la medicina que prepara al paciente para
aceptar la cura.
El «Ateniense» pronuncia un largo preludio
general, dirigido a los colonos, en el libro V. Este discurso habla principalmente
sobre la vida virtuosa, pero que tiene ecos en la actualidad cuando se
trata el tema de la propiedad.
El alma es lo más divino que poseemos para Platón,
el cuerpo y los bienes son solo instrumentos. Por tanto, la ciudad debe
ordenarse de modo que el alma gobierne al cuerpo y a las riquezas. Sin embargo,
el filósofo abandona explícitamente la comunidad de bienes y mujeres de
la «República», ya este reconoce que la colonia de Magnesia es una segunda
ciudad, para hombres y no para deidades, por lo que pedir tal cosa es pedir «...más
de lo que la naturaleza humana puede soportar»
La propiedad privada se permite en Magnesia,
pero con límites estrictos para evitar la riqueza y la pobreza
extremas. En esta colonia habrá unas medidas mínima y máxima de riqueza, la
cual sólo puede alcanzar hasta cuatro veces el valor del lote y, cuando haya
excedente se entregará al Estado. Es por esto que, para evitar la
evasión fiscal, solo habrá moneda local para el comercio interno y se prohibirá
tanto la posesión de oro como de plata. Así
mismo, se regula el comercio en el libro VIII, limitando el ánimo de lucro.
Platón insiste en la obligatoriedad e igualdad
educativa de los sexos en los libros VI y VII, aunque las mujeres no
desempeñarán funciones militares. Sin embargo, tanto la música, como la danza y
la poesía están estrictamente reguladas para evitar innovaciones que corrompan
las costumbres. Así mismo, prohíben la comedia y la tragedia que muestren
personajes malvados o acciones indecorosas.
El libro IX es en sí un código penal
detallado, teniendo una innovación en la justicia penal, ya que tiene una
finalidad curativa y ejemplar, no solo represiva. Las penas van desde la
reeducación en el hipotético sofronisterión[x]
o correccional, hasta la muerte para los incorregibles. El castigo busca
purificar la ciudad- Estado y educar a los demás, adelantándose milenios a las
funciones de prevención y reinserción social de los sistemas penales del siglo
XX.
Este último dialogo se resuelve una duda
sobre la obra de Platón, si los mitos son sólo un recurso pedagógico para el filósofo
o si realmente cree en las divinidades. La religión es el cemento de la comunidad
en Platón, ya que las deidades son garantes de las leyes y castigan a los
impíos. La teología natural del Libro X, es una defensa racional de la
existencia de las deidades y de la providencia.
La impiedad es un delito castigado
por la ley de Magnesia, aunque contempla con originalidad tres tipos de impíos,
siendo estos los ateos, los que niegan la providencia y, los que pretenden
sobornar a los dioses con sacrificios. La importancia de castigar a los ateos, se
deba a la importancia que le da Platón a la Justicia, desde su segundo dialogo,
el de «Critón»: la virtud es recompensada y la maldad castigada, en esta vida o
en la otra.
El Consejo Nocturno es
una institución que aparece en el último libro, está compuesta por los diez
guardianes de las Leyes más antiguos, los sacerdotes, los generales, los
supervisores de la educación y algunos ciudadanos distinguidos. Esta reúne
antes del amanecer para discutir las leyes, la filosofía, la teología y la
política. Es el órgano de salvaguarda de la ciudad, el equivalente en
las «Leyes» al filósofo-rey de la «República», siendo un grupo
de sabios que, velan por la estabilidad y la mejora de las leyes.
El Consejo Nocturno lastimosamente reintroduce la aristocracia que se quería evitar. Platón, sin embargo, era consciente de estas tensiones, la ciudad perfecta no existe, y toda legislación es un compromiso. Es por esto por lo que hasta ellos son «esclavos de la Ley» y nadie, ni siquiera el gobernante, está por encima de ella. La Ley es la razón escrita, la encarnación del orden divino en la ciudad-Estado. El sabio podía prescindir de las leyes en la «República», pero en las «Leyes» la Ley es la única defensa contra la arbitrariedad y la tiranía.
El dialogo de las «Leyes» termina
con la promesa de fundar la colonia y con la esperanza de que las leyes,
inspiradas por los deidades, hagan de Magnesia una ciudad virtuosa y feliz.
La ciudad de Magnesia no será perfecta,
pero es posible a diferencia de Calípolis, porque no es divina, pero
es humana. En las páginas de «Leyes», Platón nos enseña que la política es
el arte de lo imperfecto, que la Ley es la razón escrita, que la educación es
el alma de la ciudad-Estado y la Justicia, aunque frágil, es la única garantía
de felicidad.
[i] El verdadero nombre del
filósofo se creía era Aristocles, como su propio abuelo, existen tres
explicaciones, mientras que «Platón» sería el apodo que le puso su profesor de
gimnasia, ya que se traduce como aquel que tiene anchas espaldas, según recoge
el biógrafo e historiador Diógenes Laercio en su «Vida de los filósofos
ilustres» del siglo III d. C.
[ii] Platón era hijo de
Aristón, quien se decía descendiente de Codro, el último de los reyes de
Atenas, además de Perictione, cuya familia estaba emparentada con Solón, el
antiguo legislador ateniense, considerado uno de los Siete Sabios de Grecia
[iii] La guerra del Peloponeso
fue un conflicto militar de la antigüedad que enfrentó a las ciudades formadas
por la Liga de Delos, encabezada por Atenas y, la Liga del Peloponeso,
encabezada por Esparta. Esta guerra cambió el mapa de lo que llamamos como «Antigua
Grecia». Desde un punto de vista helénico, Atenas, la principal ciudad antes de
la guerra, fue reducida prácticamente a un estado de sometimiento, mientras
Esparta se establecía como el mayor poder del Hélade. El costo económico de la
guerra se sintió en todo el mundo heleno, ya que un estado de pobreza se
extendió por el Peloponeso, mientras que Atenas se encontró a sí misma
completamente devastada y jamás pudo recuperar su antigua prosperidad.
[iv] El gobierno de los Treinta
Tiranos o los Treinta fue el nombre que recibió el gobierno oligárquico y en
favor de Esparta que, al cabo de un año, después de asesinar a más de mil
ciudadanos y metecos cuyos bienes ambicionaban, fue derrocado. Los dos miembros principales fueron Critias,
como cabeza de los tiranos, y Terámenes, miembro de la oposición y, partidario
de una oligarquía más amplia o una democracia más moderada.
[v] Filipo II fue rey de
Macedonia desde 359 a. C. hasta su asesinato en 336 a. C. El largo reinado de
Filipo II marca la madurez del reino de Macedonia y su conversión en una
potencia de ámbito panhelénico. Bajo su gobierno se mejoró la organización del
Estado, se creó un nuevo tipo de ejército y se produjo el ascenso del reino de
Macedonia, que estableció un nuevo marco de relaciones en la Hélade y llegó a
controlar la mayor parte del mundo griego, incluidas algunas ciudades de Asia
Menor, hasta entonces dominadas por el Imperio persa aqueménida.
[vi] Alejandro III de
Macedonia, heredó el antiguo reino griego de Macedonia de su padre Filipo II,
continuando la expansión de Macedonia sobre el Imperio persa aqueménida. Es
conocido como Alejandro el Grande o Alejandro Magno, porque consolidó uno de
los imperios más extensos de la Antigüedad, cuyos dominios abarcaban desde el
mar Jónico hasta el noroeste de la India. Invicto en el campo de batalla, la
historiografía lo considera de forma unánime como uno de los comandantes
militares más brillantes y exitosos de todos los tiempos.
[vii] Friedrich Engels fue un polímata,
además teórico revolucionario comunista y socialista alemán, aunque es más
conocido por ser amigo y colaborador de Karl Marx. Después de la muerte de
Marx, continuó trabajando en el desarrollo teórico de su cosmovisión en «El
origen de la familia, la propiedad privada y el Estado» de 1884.
[viii] Diarquía es una forma de
gobierno en la cual dos personas, en este caso los diarcas, están al frente del
Estado. En general, las diarquías se forman cuando ningún poder consigue
imponerse a los demás y los dos contendientes más fuertes se unen para la gestión.
En la antigua Esparta, hubo un ejemplo de diarquía cuando reinaron juntos los
Agíadas y los Euripóntidas.
[ix] Éforo era el nombre dado a
ciertos magistrados de los estados de la antigua Grecia. Entre ellos, los más
conocidos e importantes eran los éforos de Esparta. En Esparta existían cinco
éforos, elegidos anualmente, que juraban cada mes respaldar a los reyes,
mientras que estos, a su vez, juraban respetar las leyes.
[x] El Sofronisterión
traducida como «casa de la templanza», es una institución conceptual descrita
por el filósofo Platón en su obra tardía Las Leyes. Eufemísticamente se
entendía como «...el lugar donde uno crece sabio» o aprende la
moderación. Los infractores debían
permanecer recluidos por un periodo mínimo de cinco años. Durante este tiempo,
tenían estrictamente prohibido el contacto con cualquier ciudadano común. Los
únicos autorizados para visitarlos eran los miembros del Consejo Nocturno.
Ellos acudían periódicamente para adoctrinarlos, darles instrucciones
religiosas y, exhortarlos con el fin de «...salvar sus almas» y
restituir su cordura social.
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